| jueves, 12 de junio de 2008 | |||
| Artículo de José Manuel Bermúdez |
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Turismo, sostenibilidad y renovación Los cabildos son las instituciones que mejor conocen la realidad insular y, por tanto, las que poseen argumentos más consolidados para pronunciarse sobre cuestiones de trascendencia en sus respectivos territorios. En el Cabildo Insular de Tenerife nos avala una trayectoria seria y rigurosa en el análisis de los problemas insulares gracias a los magníficos equipos técnicos humanos con los que contamos. La Corporación tinerfeña ha sido pionera en el planeamiento y ordenación territorial del turismo en Canarias precisamente por haber aprobado hace años su plan territorial que desarrolla el plan insular de ordenación de la Isla y que significa entre otras cosas la protección del suelo turístico presente y futuro de Tenerife. En estos momentos instituciones y colectivos estudian el “Anteproyecto de ley de medidas urgentes en materia de ordenación territorial para la dinamización sectorial y la ordenación turística” propuesto por el gobierno de Canarias .Sin duda un documento con voluntad de simplificar la normativa y facilitar la inversión en la rehabilitación hotelera sin crecer progresivamente en número de camas. Aunque Tenerife es uno de los mejores destinos turísticos del mundo, nuestro sector tiene debilidades estructurales y carencias coyunturales. No nos debe temblar el pulso al decirlo, al llamar a las cosas por su nombre. Reconocer y aceptar esta realidad es, sin duda, el primer paso para afrontar no sólo las soluciones, sino también la magnitud de las mismas. Para convertir debilidades en oportunidades. Hoy miramos de frente a nuestros propios problemas y es de esta manera como nos enfrentamos a los mismos, con valentía y con decisión. Y la propuesta del Gobierno de Canarias que pretende seguir progresando de manera sostenible, de no hacer “más de lo mismo”, constituye un ejercicio de autogobierno y responsabilidad necesario en los tiempos que corren. En mi opinión ese es el camino correcto. En Tenerife tenemos en explotación unas 185.000 camas y 47.000 de ellas tienen una antigüedad superior a 25 años. Esta Isla no puede soportar, por su inviabilidad económica y medioambiental, la construcción como en tiempos del boom turístico de los 70 y 80. Debemos dedicar todos nuestros principales esfuerzos a rehabilitar las camas obsoletas existentes. Asimismo las instituciones públicas tinerfeñas tenemos en ejecución un plan de inversiones de mejora y embellecimiento en el espacio publico turístico de unos 100 millones de euros en 5 años. Otra tarea de todos. No obstante compartimos con los principales Ayuntamientos turísticos y con la patronal ASHOTEL que el anteproyecto de ley puede y debe ser mejorado hasta su aprobación definitiva en varios aspectos: la quizás excesiva prima de camas nuevas por antiguas puede en determinadas circunstancias ser un peligro. Se hace entonces necesario el protagonismo de los cabildos insulares mediante informes vinculantes que asesoren sobre las zonas sujetas a la renovación o la permisividad de muy pocas camas que, mediante el procedimiento transparente y riguroso, permitan el establecimiento de nuevos productos ligados a calidad, talento y originalidad para un Tenerife turístico moderno y competitivo que mantenga y cree puestos de trabajo. También echamos de menos en el documento alusiones a incentivos para la renovación de la oferta mal llamada complementaria en nuestras zonas turísticas. Nos hemos concienciado de que el proceso de renovación de la planta alojativa es fundamental pero no lo es menos el de los comercios, restaurantes, playas, infraestructuras, y, cómo no, de nuestros servicios. La renovación y la innovación deben ser un proceso constante.
Estas consideraciones generales, conforman el cuerpo básico de las alegaciones que el Cabildo de Tenerife presentara al proceso de modificación, cuyos plazos, por otro lado, deberían quizás ser ampliados para permitir un mayor consenso. Sin duda Tenerife necesita de una renovación permanente, 365 días al año. El mercado turístico del siglo XXI expulsa a las empresas ancladas en el pasado. Por eso, debemos adaptarnos a las demandas de un cliente que nada tiene que ver, en gustos ni en comportamiento al que nos descubrió hace más de 30 años. Cuanto mejor sea nuestra gestión del destino, mejor será la Isla que disfrutaremos nosotros y la que queremos que disfruten las siguientes generaciones. Es responsabilidad de todos. |
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